domingo, 11 de marzo de 2012

11 de marzo

Hoy es 11 de marzo, han pasado 8 años desde el atentado terrorista más grande de la historia de España, y seguimos después de 8 años sin enterrar a los muertos. ¿Debemos olvidar? No. Pero debemos enterrar a los muertos y llorarlos y no seguir con juegos estúpidos de necrofilia lanzándonos partes de cadáveres unos a otros.

Aquél 11 de marzo mi mujer y yo bajábamos en el coche en vez de ir como todos los días en el tren. No hubiese supuesto demasiada diferencia pues nosotros vivimos en el corredor noroeste y la macabra lotería quiso que las bombas las instalaran en trenes del corredor noreste. Pero el caso es que íbamos en coche escuchando la cadena SER, a Iñaki Gabilondo.

Empezaron a dar noticias de un atentado en Madrid. En la estación de Atocha en la red de cercanias. Se nos heló la sangre como a todos. Gabilondo, como toda España empezó a hablar de atentado de ETA, normal, eran los que nos han estado matando desde hace muchos años. Insistía Gabilondo en que no había víctimas mortales (aparentemente eso le dijeron).

En un momento dado contactó con uno de sus periodistas que casualmente estaba en Atocha o acababa de llegar. Me sonó a improvisado. Me sonó a becario en el momento justo en el sitio justo (si no era un becario lo siento, nunca me enteré quien fue). Gabilondo le preguntó por la situación. El periodista estaba muy nervioso, normal. En un momento dado Gabilondo le insistió en preguntar que confirmase que no había víctimas mortales, y ya claramente llorando el periodista le vino a decir "claro que hay víctimas mortales... he visto una mano sobre las vías" y se puso a llorar y cortaron la conexión.

Algún estudiante de periodismo o ortodoxo de lo mismo podría decir que este periodista faltó a la profesionalidad al ponerse a llorar en medio de la conexión. A mi simplemente me pareció un ser humano en una situación muy dura. Una buena persona antes que un buen periodista.

A mi se me hizo un nudo en el estomago. Y no se me quitó hasta varios días después.

Ibamos como digo en coche porque mi hija, que ese día cumplía 2 años, había nacido con una deformidad en los ureteres que ponía en riesgo sus riñones. La habíamos operado dos veces ya y íbamos a que el doctor nos confirmara si el problema se había solucionado o no.

El día de mi mujer y el mio se consumió como el de muchos españoles en oir la radio (en el trabajo) o ver la tele los que pudieron. La cifra de muertos y heridos se fue disparando. Las historias de gente ayudando (los taxistas de Madrid por ejemplo) fueron saliendo. Y después del medio día o a la hora de comer ya salían noticias de los que apuntaban las pistolas para ETA diciendo que "ellos" no habían sido.

Cuando por la tarde llegamos al médico en Madrid ya se sentía un peso como de una losa de tumba. La gente hablaba poco y bajo. Hasta los coches circulaban sin hacer sonar el claxón. Entramos en la consulta y recuerdo que dije "buenas tardes... por decir algo".

El doctor nos dió una gran noticia. Nuestra hija después de dos operaciones estaba ya bien y no precisaría de más cuidados u operaciones y su vida se desarrollaría normalmente. Una gran noticia. No saben que alegría. Cuesta estar alegre en un día así. Te sientes como que estás traicionando a las víctimas o que de algún modo te has salido de la norma.

Llegamos a casa y ahí estaba nuestra pequeña con dos añitos y ya curada después de dos años de médicos y pruebas y operaciones.

Eso fue un jueves. El viernes el servicio de cercanias en Madrid permaneció cerrado. El viernes empezaron los mensajes de "¿quién ha sido?". Los que gobernaban en ese momento seguían insistiendo en decir que eran los de siempre mientras no se demostrase lo contrario.

El sábado era jornada de reflexión y por tanto reflexioné. Hasta aquel jueves tenía la intención de al día siguiente no ir a votar. El personaje al que presentaban para Presidente del Gobierno el partido al que siempre había votado no me inspiraba ninguna confianza. Me parecía un oportunista y un bien pensante. Pero pensé "¿cómo puedo combatir a estos que nos matan?" y la respuesta era con los instrumentos que me da la democracia, levantarme el domingo e ir a votar. Evidentemente votaría a los que había votado toda la vida.

El domingo pues me levanté y fui a votar. Voté a los que había votado toda la vida aunque el personaje en cuestión hacía que mi sentido arácnido me alertara contra ello. Que importante para mi vida son las primeras impresiones. Tengo buen ojo para la gente. Pero bueno, fui y voté.

En el colegio (que lo es) electoral siempre hay bullicio, empujones, carreras de niños, en una palabra... vida. Aquella vez era distinto. La gente no se empujaba, apenas hablaba, y los niños o bien ya sabían instintivamente que no estaba el horno para bollos o los padres inconscientemente les teníamos atados más en corto de lo habitual, pero la realidad era que me recordaba a un velatorio.

Ganaron a los que voté. Me arrepentí a los pocos meses y desde entonces ya no he vuelto a votar a esta gente. Encontré a otros que de momento tienen pocas opciones de ganar con lo que tienen pocas opciones de defraudarme.

Los que estaban en el poder perdieron y no lo digirieron bien.

El lunes volví a subirme al tren para ir a trabajar. Fue raro y duro. Tropas militares con todo su armamento vigilaban los vagones. El ambiente esta muy tenso y había miedo. La verdad es que en mi caso mi miedo se acrecentaba al ver a chicos con la mitad de mi edad paseando por los vagones del tren con cara seria y un Cetme cruzado en el pecho. Pensaba "como uno de estos pierda los nervios...".

Empezó la fiesta necrófila. Los trozos de cadaver volaban por todos lados. Los que ganaron diciendo que se había ocultado la verdad. Los que perdieron internamente pensando que mal lo habían hecho pero de cara al público diciendo que lo habían hecho bien.

Un periódico en especial sacando teorías conspiranóicas cada vez más subrealistas. Supongo que los corpiños rojos y las costumbres sexuales exóticas cuestan más dinero que las normales y hay que vender periódicos para pagarle al jefe los caprichos, no lo se.

Supongo que todo lo que pasó era comprensible. Los malos no aparecían. Y todo el mundo estaba muy nervioso de que pudieran repetir la "hazaña".

Los malos aparecieron y volaron en pedazos. Deuteronomio 19:21... ojos, dientes, ya saben... ¿sinceramente? no me importó que volaran en pedazos, ni a mí ni a nadie. Se fueron a buscar sus vírgenes... que les aprovechen.

Mi problema con el 11 de marzo, todos los años, es que es el cumpleaños de mi hija, me acuerdo de que le solucionaron el problema (¡¡¡GRACIAS DOCTOR ARANSAY!!!) y todos los años me siguen tirando desde la TV y los medios trozos de cadaver sobre la tarta de cumpleaños de mi hija.

Han pasado ocho largos años. Los que ganaron esas elecciones han perdido. Los que perdieron esas elecciones han arrasado. ¿Podemos enterrar los cadáveres? ¿Por favor? Parece que no. Seguimos con el festival necrófilo. El periodico de los corpiños rojos sigue con las conspiranoias. Y hasta las asociaciones en memoria de las víctimas parecen haber perdido el norte y ahora discuten lo que se puede o no se puede reivindicar estos días.

Es un buen entretenimiento para que no pensemos en la crisis y en que en mi casa desde el jueves vive el ciudadano 5.000.001 en paro de este país. Ella es dura, saldrá adelante, pero para que no pensemos en esto nos siguen tirando trozos de cadaver desde la TV y los medios.

Por favor, aunque solo sea por una niña que hoy cumple 10 años... ¿podríamos enterrar ya los cadáveres?

Va a ser que no.

¿Te pasó algo bueno en ese día y lo celebraste poco? Deja un comentario.

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